Pleasure Shelter: Deberes
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martes, 14 de enero de 2014

LA OTRA Y ÉSTA...

La otra dana diría...



Que someterse es sufrir sin que se note, estar obligada a ser fuerte, poder con todo o, por lo menos, ser capaz de disimularlo para que el Amo se sienta orgulloso...Que debe aprender a decir lo que se espera de ella y callar lo que no debería siquiera pensar...Que si siente dolor es débil, que su entrega es irrisoria e indigna de un buen Amo...Que debe sentir esa ansia por el Amo, estar en todo instante angustiada porque eso es estar pendiente de Él....Que todo cuanto no sepa la deja en mal lugar, puede ser motivo de burla y de rechazo, mejor tratar de no mostrarlo...Que confiar es un fracaso asegurado porque no es posible que conociendo la acepte...Que la única forma es trampear para tratar de ver cumplidas sus querencias...Que los impulsos y los extremos son el medio para experimentar, queriendo más y más...Que la calma lleva a la monotonía, a la apatía, a la destrucción...Que los gestos exagerados son muestra de atención y entrega...

La otra dana diría muchas cosas sin sentido, movida por el miedo, por el temor al fracaso, por el desconocimiento, así como el orgullo y la rebeldía que camuflan todo lo anterior. 

Sin duda, trataría, como hizo en su día, de controlar fingiendo no hacerlo, cuestionando sin decirlo y temblando en soledad, al no comprender porque no era capaz de mostrar aquello que dentro de si sentía, ¿acaso sólo existía en su rosada fantasía? pero algo le decía que no era así...¿como sentía su existencia si no la conocía?...

Ésta dana dice...


Que someterse es ceder para sentir, sentir esa parte de ella misma que solo de ese modo se muestra, se expande...No es dejar de desear, es darle forma a su deseo, encauzarlo para convertirlo en aquello que ella alberga y, sola, no sabe ni puede explotar...Que el dolor acontece, lo reconoce y aprende a ofrecerlo como presente de una realidad, convirtiéndolo en ese orgullo que anhela sentir a través de la entrega...Que estar serena no es ser inerte, la estabilidad y el sosiego le permiten prestar atención y comprender mucho más allá de las creencias y las suposiciones...

Que lo está sintiendo, que lo está viviendo, y aunque ya no sepa ponerle palabras, tampoco importa mucho, porque empieza a compartirlo con quien quiere, sabe y puede acoger, para sí, lo que ella quiere mostrar...

Esta dana dice...que no quiere decir, que quiere hacer, dejarse llevar por la corriente de la apasionante y dulce sumisión, por la guía de quien la posee y protege, luchando contra sus propios miedos sabiendo que puede hacerlo, sin ansias porque nada la obliga a ser quien no es, ni demostrar más de lo que puede, usando todo cuanto atesora y aprenda...

Paciencia, sinceridad, compromiso, confianza y obediencia no son losas que lapidan su ser sino medios que le conceden la oportunidad de seguir, de crear a partir de una floreciente semilla...


martes, 22 de octubre de 2013

Elisabeth...

Elisabeth es una mujer enérgica, independiente, acostumbrada a tomar sus propias decisiones y hasta hace bien poco, gobernaba su vida. En pocas ocasiones ha tenido que acatar órdenes y siempre ha sido resolutiva para conseguir salirse con la suya. Quien la conoce dice de ella que es de carácter fuerte y que no se achanta ante nada ni nadie, poniendo todo su empeño hasta conseguir sus objetivos.

Yo también creía que ella era así, desde que la conozco no me había parado a verla de otro modo, pero ayer todo cambió, en un abrir y cerrar de ojos descubrí en ella a una nueva mujer, una que no había sabido ver antes.

Como muchos otros días coincidimos haciendo un café en el bar cercano al trabajo, no estamos en el mismo equipo ni interrelacionamos demasiado pero no había nadie de mis habituales compañeros y por cortesía me senté a su lado, preguntando previamente si aquella silla estaba libre.

Con una media sonrisa asintió, pero al mirarla vi cierta tristeza en sus ojos, y esa fachada de chica dura parecía estar a punto de desmoronarse.

No sé porque le sugerí ir a un lugar más tranquilo del bar, a unos sofás que hay donde los ejecutivos suelen mantener reuniones alrededor de un café o una copa, pues está algo mas aislado del bullicio de la zona de mesas. Ante mi sugerencia resbaló una cristalina lágrima por su mejilla, y rápidamente confiando que no la hubiera visto se la enjugó. Caminaba delante de mi y sus pasos seguros disimulaban la dulzura de ese rostro compungido que trataba de ocultar.

Me senté muy cerca de ella y le dije: "¿estas bien Elisabeth?"
Contestó primero con un "si si claro", pero no me lo creí y supo que así había sido, y dejándole tiempo para que me lo contara me quedé en silencio mirándola. Podía sentir esa mezcla entre sus ganas de hablar y el temor a hacerlo, supongo que para no perder aquella postura de mujer fuerte que siempre era admirada por todos.

Dijo: "no he estado a la altura de algo, no puedo contarte detalles porque tampoco me entenderías, pero siento un gran pesar y debo tratar de mirar como solucionarlo".

En ese instante se derrumbó y bajó su rostro hasta apoyarse en su propio regazo dejando salir el llanto que debió tener contenido muchas horas dentro de si. Al agacharse vi sobre su pecho derecho lo que me parecía un tatuaje, pero no pude ver que era exactamente.

Para tratar de desviar su malestar pensé que sería bueno cambiar de tema y le pregunté sobre ello. Un poco tímida me enseñó un poco más de ese dibujo que decoraba su redondo y turgente pecho. No podía creer lo que veía, me decía a mi misma que seguro estaba equivocada, pero la mire a los ojos mientras me decía "es algo importante para mi, aunque lo lleve oculto tiene un gran significado personal" y vi el orgullo y el amor reflejado.

Era un triskel y lo que parecían unas iniciales. Yo no salía de mi asombro, me moría de ganas por preguntar pero no quise ponerla en un compromiso ni tampoco me parecía adecuado hablar de según que temas con alguien de mi propio trabajo y con quien tan solo había hablado en contadas ocasiones.

Así que solo me salió: "precioso triskel"...

Se puso colorada y se tapó rápidamente el trocito de pecho que enseñaba tartamudeando " emmm si, bueno, es un símbolo celta".

"Si si claro", le dije con una pequeña palmada en la pierna.

Volvía a llorar de nuevo y hizo ademán de marcharse cuando le insistí que esas cosas era mejor sacarlas, que a veces pensamos que no nos entenderán y luego resulta que es todo lo contrario, ayudándonos a gestionar ese dolor.

Empezó a decir: "veras, resulta que hace poco he adquirido un compromiso con alguien, prometiendo el cumplimiento de ciertos puntos (lo relataba como si se tratase de un  contrato laboral pero yo sabia que no era así) y ayer sabiendo que iba en contra de uno de ellos primé por mis propios intereses decepcionando a la otra parte, la cual tiene en sus manos la rescisión de tal contrato"

"Mujer no te lo tomes así, seguro puedes excusarte y tratar de resarcirle", le dije.

Solo repetía sollozando "ves! no lo entiendes! no lo entiendes!"

"Quizás si eres sincera y me cuentas la verdad pueda entenderlo, dímelo, venga, puedo entender de que se trata, se lo que significa ese triskel, esas iniciales y esos sentimientos tan dolorosos que estas experimentando, dime que es por esa relación D/s y te contaré algo". Sabia que esas iniciales solo son comprendidas dichas de forma rápida por quien está viviéndolo y todas las señales me llevaban hacia ello.

Su cara era un poema y abrazándose a mi dijo que no podía creer lo que le decía, que no pensaba que yo, que no era posible que yo...y cogiendo camino al trabajo para tener algo de intimidad empecé a contarle:

"Mira Elisabeth, yo hace ya algún tiempo que firmé ese contrato, parece que algo más que tú porque reconozco en ti esa ansiedad que causan esos inicios, sé que el mundo se hunde cada vez que cometes algun fallo, que quisieras resarcirle del modo que fuese, pero la única forma es aprendiendo de esos fallos".

Así que por fin me dijo " llegué a casa ayer a eso de las 22h, cansada y algo tensa por todo lo que sucedió aquí en el trabajo, solo quería que me dejaran en paz, descansar y no pensar en nada, pero tengo ciertas obligaciones al llegar a casa, aunque sea tarde, aunque no me apetezcan, pero no las hice. Cuando llegó mi Amo ni siquiera preguntó, sabía por mi actitud esquiva que no había acometido mis quehaceres, así que me ordenó me desnudase y le esperase en la sala de estar.

Vi que traía el cinturón en la mano, sabe que odio el cinturón y me dijo tiempo atrás que solo lo usaría cuando yo descuidase mis deberes, que el no-uso de ese instrumento era un privilegio que me concedía.

No dije nada pero me temblaban las piernas, adopté la posición y asumí los azotes que me impuso, y aunque perdonó mi fallo hay algo que me corroe, una sensación amarga que no dejo de lado y que no se siquiera definir. sabes de que te hablo?"

Tenía claro ese pesar, ese arrepentimiento de conocer tus obligaciones y no hacerlas, de dejarte vencer por muchas de las excusas que todas ponemos y que nos sirven cuando no nos escuchamos a nosotras mismas para no reconocernos el fallo, pero que cuando es evidente para nuestro Señor deja de ser aceptable para nosotras mismas, y pasamos a la incomprensión del porque lo hice, si yo sabía que, si tenía que haberlo visto, pude haber parado a tiempo, etc etc etc...

Se lo dije así, y solo asentía fervientemente con la cabeza hasta que explico: "llevaba días recibiendo una especie de señales en mi cuerpo, algo me indicaba que no iba bien, que tenía que parar, que debía centrarme, pero no lo escuchaba, no podía ser, era más fuerte mi apetencia que mi compromiso, y esas señales eran fácilmente silenciadas mientras todo salía como yo quería. No me sentía bien, una especie de vértigo se ceñía y me daba un mayor impulso en la carrera que irremediablemente me llevaría a descarrilar".

Dijo que debía irse, pero que en esa breve conversación había comprendido mucho más de lo que podía imaginarme, que decirlo en alto le había ayudado y sabía que debía hacer.

Me quedé inmóvil, yo he sentido esas señales provenientes de mi misma, nunca les he dado la importancia que merecen, últimamente yo también las he silenciado, no he creído en ellas y sé que me hubiera ido bien parar a tiempo. Hoy mismo las he oído con claridad, hoy vi que debía decirme un BASTA y actuar como sé que debo hacerlo, porque las excusas no deberían servirme, porque la teoría hay que llevarla a la práctica, y por eso hoy estoy aquí escribiendo estas letras.

Yo también me pregunto...¿porque no paré a tiempo?¿porque sabiéndolo seguí dejándome dominar por mis caprichos?¿porque toda esa teoría se queda en eso y no aplico lo que de sobras sé?

Elisabeth fue privada de uno de sus privilegios, ganó unos desagradables sentimientos que, creo no equivocarme al afirmar, todos hemos sentido al descuidar nuestros compromisos y decepcionar a quien espera y merece de nosotros, pero también ha comprendido que esas señales deben ser escuchadas, que es capaz por si misma de mucho más de lo cree.

Todas podemos ser esa Elisabeth...yo la primera, me avergüenzo de mi misma, de mis muchas palabras y mis pocos actos acordes a ellas, pero confío estar a tiempo y que no me sean eliminados más privilegios, pues quien los otorga los hace con agrado si son merecidos y yo los gozo con intensidad.

A veces vernos reflejados en alguien te hace darte cuenta, mirar desde fuera ese personaje, en este caso llamado Elisabeth, te hace analizar tu propia escena y ser capaz de descubrir porque tu mismo cometiste ese fallo. 

Tengo una valiosa voz interior, unas sensaciones que me dan señales que desatiendo y debería hacerles mucho más caso, porque hoy sé que no me mienten, sino que soy yo la que me engaño a mi misma...

Gracias Elisabeth por tanto como me has ayudado esta tarde...

Gracias mi Señor por Tu paciencia y por el enorme esfuerzo que haces para enseñarme...



domingo, 21 de octubre de 2012

Por favor, hazme sentir esclava esta tarde...

Dijo que si lo hacía bien, si me centraba en obedecer sus mandatos, podría después disfrutar de aquello que tanto deseo. No hizo falta que dijera más porque ya intuía de que se trataba.

Mientras fregaba los platos de la comida y Él acababa de recoger la mesa, me hablaba diciendo que no sería nada extremadamente difícil, aunque yo sabía que sencillo tampoco sería, porque aseguraba que sería tan solo aquello sobre lo que todo este tiempo he estado trabajando, y por lo tanto, no debería suponer un esfuerzo extraordinario, sino más bien una demostración de mis avances.

Sé que lo dijo para serenarme, para hacerme ver que nada nuevo acontecería, y darme fuerzas para enfrentarme a ello, pero yo sentía una gran responsabilidad, porque quería demostrar que aquello que trabajamos da sus frutos. 

Ya no era por el premio que sabía me daría al obedecerle, ni por el propio placer de someterme a Sus deseos sino, por el orgullo de mostrarle mis progresos.

Seguía fregando los pocos cacharros que me quedaban, sumida en los pensamientos que unas palabras Suyas de ese tipo me conceden. 

Sentía una mezcla de nervios, de deseo, de vergüenza, de ilusión y de ganas de sentir, y en ello absorta estaba cuando un azote suave me devolvió a la realidad:

- ¿Tienes para mucho esclava?

- No no, mi Señor, ya mismito acabo.

No sé el tiempo que llevaba con el estropajo en una mano, el plato en la otra y el agua corriendo mientras yo me dedicaba a divagar y sentir, pero por su gesto vi que debía ser ya bastante, y por eso pensé que era mejor centrarme y acabar mis tareas cotidianas para poder dedicarme rápidamente a otras que nos reportan más placer.

Estaba mi Señor sentado en el sofá, viendo la tele tranquilamente,  esperando paciente a que yo, su inquieta esclava, acabara y me pusiera de rodillas ante Él, como sabe que tanto me gusta.

Así lo hice, lentamente me acerqué a Él, casi rozando Sus piernas me puse de rodillas en el suelo, besé Sus pies y esperé paciente hasta recibir esa caricia en el rostro que me indica que está conforme y orgulloso de tenerme allí junto a Él.

No tuve que esperar más que unos segundos para sentir Su mano, para que mis ojos se cruzaran un instante con los Suyos y saber que en ese momento, esperaba de mi aquello que antes me había comentado.

Apartó mi pelo suavemente y acariciando mi cuello con Sus dedos marcó el sendero que iba a ser ocupado rápidamente por Su collar.

Se puso de pié, me ayudó a levantarme y desnudó mi cuerpo lentamente, mientras observaba con deleite y gran dedicación cada parte de mi que dejaba al descubierto. Me ruboricé pero su voz me llegó para decirme "mírame dana, entrégamelo".

Supe en ese instante que mi vergüenza,  mi temor, mi deseo, y todo cuando recorría mi cuerpo y mi mente le sería cedido, para que me llevase de ese modo a lograr el placer a través de mi sometimiento.

Cubrió levemente mi cuerpo con el minúsculo uniforme que deseaba verme lucir, y se sentó de nuevo en el sofá indicándome: "adopta tu posición, esclava, aquí frente a mi".

Me puse frente a Él, y puso sus pies sobre mi espalda, dejándome en la quietud requerida a un reposapiés, y aunque al principio me costó mantener la postura, sintiéndome algo humillada, rápidamente me centré en sentirme un útil objeto para Él y en ver como mi cuerpo reaccionaba mostrando el placer que me reportaba.

Apartó las piernas un instante, me acarició la espalda y las nalgas y se levantó alejándose unos instantes de allí, mientras yo permanecía allí esperándole para servirle.

No tardó en llegar de nuevo, me levantó el rostro y dijo: "orgullosa dana, siente como me sirves". Se puso de pié, con una pierna a cada lado de mi cuerpo, y sentí que se agachaba para azotarme las nalgas a un ritmo rápido pero muy placentero, y sin darme apenas cuenta mi grupa se levantaba en ofrecimiento, gesto que aprovechó para inspeccionar mi ano cuidadosamente e introducir la joyita dentro sin prisa, haciéndome notar el frío del acero y el calor de su mano abriendo mis nalgas.

Una vez dentro besó la parte alta de mis nalgas, y recorriendo mi columna vertebral con su firme dedo, provocándome un escalofrío muy placentero, volvió a sentarse en el sofá.

Rectificó la postura de mis piernas, abriéndolas más para conseguir así la altura de mi espalda que le fuese adecuada para acomodar de nuevo Sus pies sobre mi.

Mientras veía la tele, de vez en cuando me permitía mirarle de reojo, pues quería que mi cabeza estuviera erguida,  muestra de que me sentía orgullosa sirviéndole, y como señal de que estaba pendiente de mí, acercaba juguetonamente el cuero de Su fusta a mi piel, recorriendo mis piernas, mis nalgas, mi espalda, o mi cuello. En ocasiones daba un suave azote con ella en diferentes partes, creo que para hacerme notar que estaba allí y que quería que fuese consciente en todo momento, sin aislarme en mis pensamientos y sensaciones.

Mientras hacían anuncios en la tele, se apartó de nuevo de mi, me ayudó a levantarme pues sabía que mi cuerpo estaría dolorido de la quietud que tanto me cuesta, y dijo que me quería sobre Sus piernas, pero la postura que me hizo adoptar era distinta a la de otras veces. De ese modo, mis nalgas quedaban igualmente a su disposición pero mi sexo, completamente a la vista.

Dejé caer mi cuerpo sobre la parte inferior del sofá, mis brazos rodeando mi cabeza y sentí como las nalgadas suaves me sumergían en ese placer que solo Él sabe como concederme a través del dolor. Fue subiendo de intensidad, a la vez que intercalaba pequeñas caricias en mi mojado sexo, haciéndome regresar al placer más sexual y volver de nuevo al placer por el ofrecimiento del dolor.

A veces paraba y me sentía algo inquieta porque le imaginaba observando mi sexo y aquella joyita que aún permanecía ocupando Su rincón privado, pero entonces Su voz de nuevo recordaba para que estaba allí: "ofrécemelo, recuerda qué me complace".

Energía renovada, aliento nuevo, gozo indescriptible de estar en Sus manos, de servirle y hacerle disfrutar.

Dijo sereno: "es el momento...vamos"...y me guió hasta nuestra habitación, donde me quiso boca abajo en la cama, desnuda completamente. 

Rebuscaba en su gran bolsa y le vi de reojo mientras sacaba el látigo de colas. Escondí mi cabeza entre los brazos pues sabía lo que eso significaba y no quería fallarle ahora después de todo lo entregado.

A punto estuve de suplicar con ese NO ahogado que el miedo me permite pronunciar, pero antes de hacerlo sentí como acariciaba con él mi espalda, y me decía "míralo", pero yo me resistía a hacerlo, porque no quería mostrarle mis lágrimas resbalando ya por mis mejillas. 

"Míralo" dijo de nuevo con voz tierna pero firme, y obedecí al instante. Mientras lo miraba secaba con Sus dedos mis lágrimas y dijo "dámelas, dámelo, pídemelo tu".

Con voz temblorosa dije: "mi Señor, te lo entrego, por favor ayúdame a vencerlo".

Casi no había acabado de pronunciar esas palabras cuando el látigo ya mordía mi espalda, rodeándome en ciertos momentos, invadiendo mi costado y haciéndome enfrentar a aquello que era un límite para mí.

Poco a poco, a medida que las marcas surcaban mi piel, mi orgullo se apoderaba de mi, crecía mi deseo y suplicaba en silencio que me arrancara el recelo de entregárselo.

Fueron pocos pero suficientes para mostrarme la fuerza de mi entrega, para enseñarme que puede hacer que mis miedos sean la mejor ofrenda para Él.

Me abrazó, me dejó llorar para que acabara de soltar aquello que tanto tiempo había contenido y la emoción de haber superado un nuevo límite.

Ni siquiera me acordaba del premio prometido en un inicio, pues ya me sentía más que premiada, pero tras besarme apasionadamente dijo: "ahora, lo prometido es deuda..."

Vi su abultado sexo frente a mi, deseoso de ser complacido, con ese dulce néctar rezumando, llamándome y esperando para ser degustado por mí.

Creo que no es necesario dar muchos detalles de lo acontecido a continuación, porque todos imagináis que no tardé en ponerme de rodillas ante Él, de acariciar su latente falo y de llenar mi boca hasta la garganta de toda su fuerza.

Tuve mi premio, y aún retengo su sabor...

Deseo que éste sea el Tuyo, mi Señor, por hacerme sentir esclava esta tarde...

Gracias. A Tus pies.

viernes, 13 de julio de 2012

Víboras escarmentadas

Cansada estaba ya de tanta manipulación y engaño, cuando mi único pensamiento ante cada absurda palabra que salía de sus bocas era darles su merecido, que alguien las pusiera en sus sitio y se dejaran de elucubrar dedicándose únicamente a sus quehaceres.

Cuanto más avanzaba la reunión más claro tenía que todas ellas se estaban comportando como víboras egoístas y no como mujeres maduras y sensatas.

Eran niñas malcriadas capaces de hacer la jugarreta más sucia a la que tenían a su derecha por tal de salirse con la suya. 

Se alargaban las burlas, las discusiones, cada vez más tonterías salían de sus sucias bocazas, cuando decidí pasar a la acción.

- Chicas esto se alarga demasiado y tendríamos que suspender la reunión. ¿Que os parece si quedamos para tomar un cafelito después de cenar y lo hablamos más tranquilamente?

Con el ambiente caldeado y todas deseando largarse, imagino que para seguir criticándose en pequeños grupitos, dimos por concluida la reunión. Quedamos a la noche después de cenar en mi casa, puesto que quedaba en un punto intermedio y allí podíamos estar tranquilas y acabar de decidir, o eso creían ellas.

Mis pobres "amigas" desconocían lo que ésta noche les esperaba, pero no iban a tardar en descubrirlo.


Estaba yo tranquilamente cenando con mi Señor, disfrutando de una de sus especialidades, cuando pregunté si le apetecía un postre especial esa noche, y le conté mi perversa intención, a la que por supuesto, accedió encantado y presto a disfrutar de todo cuanto fuese a suceder. Solo pidió que no me mantuviera al margen, sino que disfrutase también de la velada.

Me vestí con mi uniforme, y por supuesto el collar bien ceñido a mi cuello.

Llegó la primera de mis amigas, quedándose blanca cuando me vio con tal atuendo, el cual excusé diciendo que solo era un juego para relajarnos todas, cerrando la puerta tras de ella.

La llevé a una habitación, diciéndole que se pusiera cómoda que nada sucedería que la pudiera dañar, solo debía dejarse llevar y acabaría relajadita, se lo podía asegurar.

Llegó la segunda y la tercera antes de darme tiempo a cerrar la puerta. Igual que a la primera las conduje a una habitación, perplejas por mi indumentaria se miraban temerosas.

Llegó la cuarta y actué del mismo modo. 

Las tres habitaciones de nuestra casita estaban ocupadas por las cuatro amigas atónitas por lo que acababan de ver y asustadas por lo que podría producirse a partir de ahora. 

Fui visitándolas, sirviéndoles algo de beber, algo para picar y haciendo que el tiempo pasara para que se sintieran mucho más intrigadas por todo aquello.

Se fueron relajando, pensando que era tan solo una broma de amigas, que me estaba quedando con ellas, y poco a poco empezaron a bromear conmigo, picándome como verdaderas entendidas, diciéndome si ahora sacaría el látigo, si las ataría, si las castigaría por ser unas niñas malas...

Cada vez las bromas subían más de tono, y así lo permitía, hasta que se habían olvidado por completo de que podía no estar bromeando.

- Venga chicas, ya estamos mas distendidas, vamos ahora todas juntas a la sala y disfrutemos de una excitante velada, les dije con mirada picara.

Ya en el salon, entre risas y jugueteo, las até a las cuatro sillas, situándolas en semicirculo dejando la columna en medio y me fui sigilosamente, dándoles de nuevo tiempo para que la incertidumbre y la curiosidad se apoderara de ellas.

Sus risas nerviosas inundaban la sala mientras en la habitación de al lado permanecía yo postrada ante mi Señor, que ataba mi cadena al collar. Salimos de allí para entrar junto a los pies de mi Señor gateando con elegancia y tranquilidad en la sala contigua.

Ojos atónitos y silencio sepulcral mientras mi Señor me ataba a la columna, y como su orgullosa esclava le ofrecía mi cuerpo para ser azotado, para ser pinzado, sodomizado, usado y todo cuanto deseara.

Me olvidé de que estaban allí, centrándome en el momento que vivía con mi Señor, pues aunque lo disfruto siempre exige de mi una gran concentración, para darle lo mejor de mi misma y para disfrutar así de mi entrega y Su orgullo.

Me acarició, me besó y susurró en mi oido "buena chica mi esclava".

Al girarme para verle la mirada, sonreírle y besarle en los labios, las vi allí sentadas inmóviles como estatuas de piedra, con lágrimas en sus ojos y esa respiración agitada que no sabía si era de temor, de excitación o quizás de ambas cosas a la vez.

Mi Señor, con voz firme y mirandolas fijamente a una y a otra dijo: 

"Quien será la siguiente? me ha parecido entender que estáis necesitadas de disciplina".

Sólo lloraban, sólo temían verse en esa situación que habían presenciado, solo deseaban no haber entrado nunca en ese lugar, hasta que una de ellas suplicó poderse ir, suplicó que la soltara, diciendo que nunca más lo haría, que se portaría bien y así podría saberlo por mi.

Las otras tres contagiadas por el pánico de la primera sollozaban mientras me miraban compungidas, estando yo todavía atada a la columna ante ellas.

Mi Señor se acercó por detrás de la silla a desatar a la primera y asustada entonó también sus súplicas, y así una a una las fue desatando a todas.

- "Podéis iros, les dijo, ya os dijo mi esclava que no sucedería nada que no quisierais, y no seré yo quien os obligue a ello. Habéis visto que mi sierva se me ha ofrecido orgullosa, y eso es lo que ambos deseamos, pero no olvidéis que si vuestra rebeldía os pide ser saciada, siempre podréis probar mi dulce fusta", decía mientras sonreía sarcásticamente.

Tres de ellas salieron despavoridas de la casa, mientras una se quedó paralizada observándome. Se acercó a mi lentamente y me dijo: 

- ¿Estás bien dana? ¿te duele mucho?
- Amiga, no sufras, nada me duele, al contrario, soy feliz entregando mi ser a mi Señor.

Girándose hacia mi Señor le dijo:

- Perdóneme, no entiendo nada de esto, no se siquiera si lo que le voy a decir puede ofenderle, pero aunque me siento muy avergonzada siento una curiosidad terrible, pues aunque sé que debe doler, he visto en dana el placer del ofrecimiento, el gozo de servirle y el amor que le profesa. ¿Me permite probar que se siente de su mano?

No podía creer que mi amiga estuviera diciendo eso, pero parecía que de verdad sentía esa inquietud, aunque desconocía el alcance de su sentimiento.

- dana, me dijo mi Señor mientras me desataba, acompaña a tu amiga, ponle algo bonito que la ayude y tráela de nuevo aquí, ayúdale en todo cuanto tu sabes para que sepa servirme.

Así lo hice, la llevé conmigo a la habitación, abrí mi rinconcito secreto y le mostré aquello que tanto deseaba ver dejándola que eligiera lo que la hiciera sentir mejor.

- Quédate conmigo dana, no te vayas por favor, quiero probar pero tengo miedo, dijo mi amiga con esa mezcla de ansia y miedo.

- Nada te sucederá, siempre que tu quieras puedes parar y no pasa absolutamente nada.

Mientras se vestía, se maquillaba y le abrochaba las botas altas, le hablaba tranquila, explicándole las cuatro cosas mas básicas, sobretodo para que se sintiera segura como yo sabía que lo estaba.

- Aquí la tienes mi Señor, dije mientras entrabamos en la sala de nuevo.

Hizo que se pusiera de rodillas delante de la silla donde había estado sentada, que la observara dejandose llevar por el deseo que estando allí se habia apoderado de ella como para desear ocupar mi lugar. 

Él se paseaba lentamente acariciandola con la fusta, recorriendo su cuerpo, observando sus reacciones y viendo como el deseo se convertia en lujuria y pedía más en su silencio.

Yo permanecía en mi posición como mi Señor deseaba que esperase, mirando de reojo cuanto sucedía.

Mucho tiempo pasó tan solo dejando que las sensaciones la abrigaran, cuando le dijo que iba a probar la fusta, que iban a ser tan solo nueve azotes, pero que podía pararlo en cualquier momento.

Con las manos apoyadas en la silla, las piernas separadas y sus nalgas ofrecidas a la fusta de mi Señor, empezó con los nueve azotes anunciados.

Uno tras otro mientras ella se estremecía mordiéndose los labios marcaban sus nalgas, y aunque quiso esquivar los últimos, su sexo estaba perlado por la humedad del deseo, mostrando cual era su realidad en el momento.

- Es suficiente, dijo mi Señor. Prometí que serían tan solo nueve y eso es lo que hoy te llevas de mi.

Se retiró mi Señor, acariciándome mis nalgas antes de salir de la habitación, indicándome así que podía abandonar mi posición.

Fui hacia ella, la abracé y lloró abrazada a mi como una niña desconsolada. Entendí a la perfección esas lágrimas, pues había dejado en esos momentos mucha tensión, mucho desasosiego y había abierto una puerta que ya jamás podría volver a cerrar.

- Vamos, vístete, comeremos algo y si quieres hablamos sobre ello.

Pidió retirarse, pidió despedirse de mi Señor y agradecerle la oportunidad de conocer algo que siempre había estado dentro pero jamás pudo sacar.

Se fue tranquila, con la serenidad de haberse encontrado a si misma en ese pequeño instante, y sé que a partir de este momento buscará un camino diferente del que hasta ahora había tenido.

No se si os sucede, pero a veces necesitamos que nos muestren nuestra esencia, que nos liberen de los temores y en muchos casos, como me sucede a mí, nos pongan en nuestro sitio.

Un mismo escarmiento, diferentes formas de asumirlo.

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Gracias mi Señor...sabes bien porque....

Te amo.
A Tus pies

Dulces sueños!

jueves, 17 de mayo de 2012

Cuéntase...


Cuéntase, que había en un tiempo no muy lejano, en una ciudad cercana a Ardea, un Amo que siempre iba acompañado de su bella y tímida esclava. Éste era un importante mercader de la zona, y viajaba por numerosas poblaciones atendiendo sus muchos negocios.

Era codiciado por la calidad de sus mercancías y por el trato afable hacia todos aquellos que se acercaban a comerciar, aunque bien era sabido también, que no atendía a razones si  vislumbraba la más mínima señal de argucia, retirando de inmediato su mercancía de las manos del embaucador.

Conocido por todos era la admiración de esa fiel esclava, que atenta siempre a su Dueño se mostraba cuando estaba en su presencia, sirviéndole callada a cualquier menester que éste necesitara, desde sus necesidades más básicas como el alimento o el vestir o la recaudación del negocio, que celosa velaba.

Al despuntar el alba, Amo y esclava se dirigían prestos a su nuevo destino, tras colocar en su vieja pero lucida carreta los hermosos materiales que procuraban su sustento. Llegado al pueblo, el avispado Amo situaba en buen lugar su mercancía, dejando junto a ella a su esclava mientras recorría las reviradas callejuelas, en busca de posibles compradores.

Ésta debía procurar permanecer atenta a su Dueño y a aquellos objetos que quedaban a su cuidado. No disponía de permiso para distraerse con fruslerías ni atender otros asuntos, ya fueran personales o de cualquier índole. No le estaba tampoco permitido hablar ni prestar atención a otro que no fuera su Amo, bien se lo tenía recalcado el Amo y sabía que la desobediencia sería severamente castigada, pues aunque él siempre se preocupaba por sus cuidados y su bienestar, no dudaba un segundo en aplicar el más severo de los castigos, si cualquiera de los que permanecían a su servicio se atrevía a contrariarle.

Desde el inicio, cuando su Amo la adquirió tras el pago al jefe de la tribu legendaria Rutuli, en su poblado natal, la fue haciendo a sus costumbres, mostrándole cual era su cometido y el comportamiento que esperaba de su esclava, ya fuese en su morada o cuando saliera con él en sus quehaceres.

Hasta el momento, la esclava había comprobado que su Dueño era amable y bondadoso cuando ella era fiel a sus obligaciones, y por ello, nunca había osado desobedecerle en ninguno de los mandatos que él le hubiese indicado.

Pasaron así varios años, hasta que confiada ella en conocer las costumbres de aquel al que pertenecía, fue viviendo su esclavitud con mayor serenidad y encontrando en ello el placer de sentirse cuidada y valorada, como un gran tesoro en manos del Amo.

Mas he llegado a saber, que en tiempos recientes, esta fiel esclava, acompañando a su Amo en sus deberes, sintió la monotonía del trabajo en su cuerpo y tratando de evadir la congoja que este estado le causaba, en cuanto su Dueño la ubicaba en aquel lugar en el que debía permanecer atenta, dejaba volar libre su imaginación, cosa que en un principio no debía ocasionar perjuicio ninguno.

A la llegada de su Dueño, se mostraba dispuesta y cuidadosa como siempre lo había estado, cumpliendo así con aquello que era su responsabilidad, aunque en los últimos estadios, en contra a lo que venia siendo habitual, el camino hacia su humilde y confortable hogar era envuelto por un gran silencio, al que su Dueño no la tenía acostumbrada, pues siempre le contaba como habían ido las negociaciones en su cansada jornada.

La esclava extrañada asumía aquella nueva costumbre de su Amo, y cuanto más silencio le regalaba más ausente ella se mostraba en la espera de su regreso, hasta que llegado un día en que su fantasía la superó, dejando atrás el ensueño para ir más allá en su realidad.

Hasta el momento su Amo parecía no prestarle atención, y creyó poder disponer por ello de suficiente libertad para actuar según sus propios deseos.

Alejándose con cautela, la confiada esclava, se adentraba entre el bullicio de los comerciantes, perfectamente conocedora de las rutinas de su Dueño, de modo que a la hora de su regreso ella se personaba con rapidez en el lugar donde debía haber permanecido.

Mucho he oído hablar, de los muchos tormentos a los que fue sometida la descuidada esclava a la llegada a su morada. Sin aviso ni aparente motivo, el Amo usaba su cuerpo con violencia, la privaba de alimento o de calor, y la apartaba de su presencia.    

Así pasaron los días, y puedo asegurar que aquella esclava, fue sintiendo la firmeza del Amo, hasta que un día, estando ella con el cuerpo mancillado y dolorido por el trato de su Dueño la noche anterior, decidió quedarse en el lugar que debería ocupar, y lloraba amargamente por haber perdido todos aquellos beneficios que su Amo le concedía tiempos atrás.

En ese momento, vio acercarse a su Dueño y cesó discretamente su llanto recomponiéndose para mostrarse bella y complaciente, como siempre le había requerido que se mostrara en su presencia.

Lo miraba ella extrañada cuando el Amo le dijo: “¡oh bella esclava!, no llegas a comprender como mi alma sufre ante tu perdida, como mi corazón se rasga con cada uno de tus actos que preceden a nuestra vuelta. Háblame esclava, dile a tu Dueño que motivos te he dado para causarme tal tormento”.

Podéis pensar que ella ante tales palabras del Amo confesó aquello que tanto mal causaba, pero presa del pánico y creyendo que nada podía saber su Dueño, juró y perjuró no conocer el motivo de tal tormento.

Escuchadas sus palabras el Amo recriminó: “sierva mentirosa e indigna, osas no solo desobedecer las ordenes de Tu Dueño sino que juras no conocer los actos que me llevan a sentir este dolor intenso que acabará con mi respirar”

Ella escuchaba atenta, intentando mostrarse asombrada, mientras su Amo continuaba inquiriendo: “no te das cuenta, desagradecida esclava que todos y cada uno de tus actos son reflejo del Dueño al que te debes, que todo cuanto te concedo es debido a la adoración que creía procesabas por mí y que siempre acompañaban tus actos. Ahora debo buscar la manera de que comprendas la gravedad de tus actos y pagues por el tormento que causas en tu Amo”

Insistía una y otra vez, la traicionera esclava, en mostrar su indignación ante las que anunciaba como sorprendentes palabras, y tras recibir el permiso del Dueño para expresarse dijo con voz temblorosa “mi amado Amo, sus palabras me entristecen, pues nada más he procurado durante el tiempo que le sirvo que ser fiel a cuanto me ha enseñado, pues ser su sierva es mi mayor fortuna y mi único destino”

Todos cuantos estaban alrededor pudieron oír, y así me fue narrado, como la vara de avellano que siempre soportaba los pasos del Amo recayó sobre su acallada esclava, mientras le decía “deja ya las palabras estériles que nada de verdad contienen”

Una vez tras otra golpeaba a la esclava mientras ella suplicaba a todos los dioses que cesara el tormento al que su Amo le sometía de camino a casa, hasta que las lágrimas de sincero arrepentimiento asomaron sin descanso, mojando los pies del Amo que volvió a insitir: “muestra el deseo de resarcir a tu Dueño, pues ¿no sabes ya que tu Amo conoce cuanto ocurre en su ausencia?¿acaso no sabes que conozco a la perfección todo cuanto mi esclava comete?”

Fue en ese instante donde los transeúntes vieron a la arrepentida esclava abrazarse con fuerza a las piernas de su Amo mientras sollozaba pidiendo perdonara su miserable vida y solicitando conocer como era posible que supiera lo acontecido en su ausencia.

Así continuó explicándole el Dueño: “nada más llegar hasta ti, cada parte de tu ser me mostraba los deseos que habían sido profesados, a cuales de ellos habías renunciado en post de la obediencia que me debes y a cuales había sucumbido tu débil cuerpo. A medida que fueron pasando los días, las señales que tu misma me ofrecías mostraban la evidencia de tu desidia, y como a pesar de mis esfuerzos por corregir tu conducta obtenía un mayor desafío de parte de la que se supone debe servirme”.

Entre sollozos, la esclava expresó: “permítame mi Dueño comprender como es posible que sepa, si no estaba presente lo que esta infame esclava realizaba en su ausencia”.

Insistió el Dueño: “tu me lo dijiste, más no con palabras como las que ahora intercambiamos, sino mediante la expresión de tu cuerpo y de tu alma que inquietos se mostrabas a mi llegada y todo tu afan por amansar tu desazón, resultaba una muestra clara de que no ocupabas el lugar para el que viniste a servirme”

En un último intento por conseguir salvar la vida que no le era propia, la esclava dijo “permítame oh mi Señor! pagar con sangre mi culpa, que mi cuerpo y mi alma sufran el tormento de sus manos para que consiga de ese modo su perdón, oh mi benefactor, oh mi justo y adorado Amo!”

La sentencia con voz firme fue pronunciada por el Amo “pagaras por ello, no me cabe duda, mas no olvides que el Amo todo de ti lo sabe, pues no guardas secretos en tu ser que no me sean revelados con tan solo mirarte”

Así partieron hacia su morada, no conociéndose a partir de ese momento lo acontecido con dicho Dueño y dicha esclava, mas en todos los mercados se conoce la historia del mercader y su esclava, del Amo que todo lo sabe de su sierva y así, como hoy os lo he contado, es narrado una y otra vez.


domingo, 2 de octubre de 2011

viernes, 10 de junio de 2011

Tu privado rincón.



Ante Ti,
mostrando
abierto mi sexo,
como flor en primavera,
y mi culo prieto
temeroso por Tu ímpetu.
 
No hay huida,
ni posible escarceo,
no me está permitido,
queja ni suplica,
tan solo obediencia,
y servil entrega.
 
Lentos pero firmes,
Tus dedos me inundan 
llenando mi rígido ano. 


Mi temerosa mente 
suplicaría parar,
mientras mi lujurioso cuerpo,
suplica avanzar.
 
Deseo cambiar de lugar,
Tus calientes dedos,
mi coño y mi boca,
abiertos para Ti,
mientras Tú impasible,
mancillas Tu privado rincón.
 
Tuyo lo haces,
cada vez más profundo
cada vez más rápido
surcas mi culo,
sabiendo que es Tuyo.
 
Mi coño implora ser llenado,
por la polla que enviste mi ano,
llora palpitante Tu entrada,
cuando te cree salir del hermano.
 
Dado de sí,
acoge con agrado, 
a Tu verga que sodomiza
y mancilla a placer,
Tu oscura propiedad.
 
Del dolor al placer
conviertes el acto,
dolorida y humillada,
sometida y excitada,
dispuesta a ser esclava,
de Tu perversa lujuria.

Ensanchado mi culo,
Encharcado mi coño,
así me deseas,
siempre para Ti,
Tu puta y Tu perra
Tu sucia y servil esclava.

miércoles, 8 de junio de 2011

BUENA/MALA

Hoy debo hacer el ejercicio de expresar que significa, para mí, el hecho de ser mala o buena sumisa, pues suelo usar esas expresiones, sobretodo ante mis fallos, en que me siento mala sumisa.

En realidad no creo que haya como tal, buenas o malas sumisas. Creo que una persona descubre el sentimiento de la sumisión y si le llena, empieza a recorrer ese incierto camino y que todas, en un momento determinado somos buenas o malas sumisas, en función de la actitud que tomemos ante una acontecimiento determinado, según la afectación personal de éste, nuestro entorno y nuestras propias experiencias.

Se que se aprende, que se corrije y se avanza...pero mientras, no puedo dejar de sentirme en ocasiones, en muchas (imagino que al inicio es normal) muy mala sumisa, porque sé que no me comporto como debería.

Por supuesto hablaré entendiendo que una persona es sumisa ante quien decide entregarse, no ante todo el mundo ni circumstancia....sino solo con su Amo.

Describiré, pues así debo hacerlo, lo que es para mí ser una buena sumisa, aunque veo complicadísimo ponerlo en palabras, porque es algo que siento y no se bien como definirlo...

La verdad es que podría resumirlo con las 4 máximas que mi Señor me exige para llegar a ser su digna esclava, pero sería como copiar en un examen y no creo que me pusiera muy buena nota... así que....intentaré expresarlo con mis palabras y ya veremos que pasa.....sino iremos a recuperación, que seguro que me dejo o me sobran un monton de cosas...lo que hace la falta de experiencia....uuuuffff

UNA BUENA SUMISA ES AQUELLA QUE (para mi):

- Disfruta complaciendo a su Señor y sintiéndose sometida a Él. Ese es su gran placer. 
- Actúa de manera natural, no forzando la situación ni mostrando falsa sumisión.
- Es siempre sincera y clara en sus sentimientos, temores y anhelos.
- Se deja guiar por su Señor, al que ha decidido entregarse, dejando las exigencias apartadas y asume aquello que quiera darle, disfrutando y agradeciéndolo.
- Le obedecer sin rechistar, sabiendo que es por su bien.
- Le escucha atentamente y se esfuerza por asimilar lo que pretende enseñarle. Desea avanzar para que su entrega sea completa.
- No intenta reconducir las situaciones para el beneficio o placer propio, ya sea de manera consciente o inconsciente.
- Acepta las correcciones y aprende de ellas.
- Habla siempre con respeto y no pierde su lugar.
- Le mueve el deseo. Lucha por seguir sintiendo lo que su Señor le produce, y por ello se siente reconfortada y deseosa de continuar, a pesar de saber que el camino tiene numerosas espinas.
- Es paciente para ir ganando batallas personales y no se deja derrotar por el desanimo.
- No tiene miedo porque confía en su Señor, pues éste se ha ganado su confianza. No creo en la confianza ciega.
- Siente la necesidad de entregarse, de someterse sintiéndose completa a Su lado y crecer como persona.

Seguro que lo podría haber resumido y que me dejo algunas vitales...pero así lo veo ahora.... así se aprende no? viendo los fallos....

Feliz noche.


domingo, 5 de junio de 2011

Lección....


Suele ser habitual que los domingos por la tarde, mi Amo me reclame a su presencia. Nunca se el método que escogerá para que me presente ante El, ni donde, ni como, ni cuando, pero si sé que le gusta que le espere preparada y dispuesta para acudir donde me indique con la máxima celeridad posible.

Hoy como de costumbre, me levanté tarde, desayuné con calma y me di un largo baño. Siempre me gusta preparar mi cuerpo de manera especial para nuestro encuentro de los domingos, porque entre semana suelo tener menos tiempo para ello y me gusta dedicarle una atención especial en domingo…

Unté mi cuerpo despacio con crema hidratante, masajeando mi piel, pensando para mí, que cada poro de mi piel seria recorrido por Sus manos firmes, me detuve en mis nalgas imaginando que serían azotadas, en mis pechos que serían pinzados, en mi sexo que sería usado….

Me encanta dejar volar mi imaginación hasta los recuerdos y revivirlos en mis manos. Aumenta mi deseo de estar con Él hasta niveles cercanos a la locura, y pierdo la consciencia del tiempo y el espacio. Por suerte me pongo la alarma para no perderme en las caricias y así estar preparada para mi Señor.

Elegí algo que sé que le gusta para debajo de mi ropa, ese corsé negro que me regaló, que deja mis pechos y mi sexo a su disposición, sin impedimento ninguno para usar a su perrita a placer…

Suena el móvil, un mensaje con el nombre de un hotel y una habitación, pero al contario que de costumbre me dice que no tenga prisa, que Él estará entretenido.

¿Qué quiere decir con eso? ¿Entretenido?¿acaso no soy yo su juguete?...

Mi corazón me va a cien, empiezo a ponerme realmente nerviosa cuando no comprendo las palabras de mi Amo, pero no quiero llegar en ese estado a su presencia, pues sé que le desagrada profundamente cuando supongo y deduzco cosas que de su boca no han salido.

Me acabo de vestir y maquillar, salgo rápido a pesar de que me dijo que no tuviera prisa, pero por supuesto que tengo prisa, por estar delante de Él siempre la tengo y más desde que me dijo que estaría entretenido.

En el coche siento mi corazón golpear contra mi pecho, intentando salirse de mí, mi respiración agitada me nubla la vista y mi coño se encharca cuando está cercano el hotel indicado.

Aparco y siento vértigo al bajar del coche, me dirijo todo lo rápido que mis afilados tacones me permiten.

Ya en el ascensor me retoco para estar perfecta para servir a mi Señor, dispuesta a cumplir todas sus órdenes, y deseosa de complacerle con ello.

Está delante de mí, la puerta de la habitación 2204. Llamo, nerviosa y excitada, y la voz de mi Amo responde…

-    Espera un momento, por favor.

Espero unos segundos y vuelvo a llamar.

-    ¿Que no has entendido? Que te esperes zorra!!!

Me tiemblan las piernas al oír su tono de voz, y aunque no puede verme, bajo la mirada al suelo. Sé que he desobedecido, pero no comprendo porque debo esperar, si me está esperando a mí, no entiendo que se demore tanto en abrir.

Por fin, pasados unos minutos abre la puerta, y observo en su mano, la fusta preparada. Mi cuerpo reacciona a ella estremeciéndose y deseando que sea usada en mí, aunque dada mi respuesta poco paciente, creo que su uso no será de mi agrado.

-          Pasa y siéntate paciente, estoy ocupado ahora.
-          Ocupado mi Señor….¿con que?
-          No es con que perrita mía, es con quien…
-          ¿Cómo dices mi Señor?
-          ¿No has entendido mis palabras?
-          No mi Señor…
-          ¿Tengo que volver a repetirlo? ¿estas segura de ello?
-          No será necesario, mi Señor.
-          Bien pues obedece, siéntate allí y espera.

Entré y vi a una preciosa chica atada a la cama, en esa cama donde se supone que debería estar yo complaciendo a mi Señor, se hallaba otra, en la posición que yo tanto adoraba, siendo azotada por mi Amo, siendo contemplada y gozada, siendo mimada, siendo….todo lo que yo deseaba y no tenía.

Me quedé de pié, con mirada desafiante, sin comprender a que se debía aquello. Tenía ganas de gritar, de chillar, de irme corriendo llorando, pero estaba inmóvil, plantada de pié.

Las lágrimas recorrían mis mejillas y mi cuerpo temblaba, no se si de miedo o de la rabia contenida.

-          ¿Tengo que repetírtelo esclava?
-          Pero….pero….mi Señor, yo soy tu esclava,….porque….
-          CÁLLATE Y OBEDECE ESCLAVA!

Seguía inmóvil, a pesar de que sabía que debía sentarme, no podía moverme…ni apartar mis llorosos ojos de aquella preciosa muchacha que servía a mi Amo con una entrega admirable, sin tan solo una queja o reproche, sin un ay que saliera de ella.

No pude evitar decirle a gritos:
  
- Zorra de mierda!....¿cómo coño te has ganado a mi Amo sucia puta?

Mi Amo se dirigió raudo hacia mí, me sentó de golpe en el sofá del fondo y colocó una mordaza en mi boca, mas apretada que nunca, pero ni siquiera me castigó con un azote por mi insolencia, nada….ni me miró siquiera…Su gesto fue rápido, como si tuviera prisa por sacarme de en medio y dedicarse a la tarea que le tenía embelesado.

Cerré los ojos, no podía mirar esa escena…era demasiado dolorosa para mí y decidí que sería mejor dejar volar mi imaginación hasta que todo aquello hubiera acabado.

Los gemidos entrecortados de la sucia puta en manos de mi Amo, me devolvieron a la realidad y al abrir los ojos, comprobé las marcas en su cuerpo, el sudor recorriendo cada centímetro de su piel y como su ablandado coño mocoso dejaba paso a un gran consolador que mi Amo le insertaba sin pasión mientras la seguía azotando.

Me levanté de golpe, y me tiré a los pies de mi Amo con la mirada suplicante, no podía quedarme impasible ante aquello.

- ¿Quieres que te preste atención perrita mía? ¿Tanto deseas que tu Dueño esté por ti? ¿Serias capaz de aceptar lo que yo quiera hacer de ti?


Mientras me hablaba asentía con la cabeza y seguía suplicando con la mirada.

-          Bien, te quitaré la mordaza si prometes ser respetuosa con esta perrita que está a mi servicio y que te dará ejemplo de cómo debe comportarse una buena esclava.

Mis ojos suplicantes se encendieron en ira y celos, y mi Señor vio como el orgullo herido afloró de mi ser, pues mi desdén le indicaba que no estaba dispuesta a aguantar aquella inmerecida humillación.

-     Tranquila perrita, sabes que eres mi preferida, por eso, hoy, aprenderás una gran lección. Vuelve al sofá, y mientras ella descansa, estaré únicamente por ti.

Deseosa me fui esperándole, y al instante estaba allí….

-       Ponte de rodillas en el asiento perrita y apoya tus brazos en el respaldo. Déjame ver mi coñito y ese culo que tanta hambre tienen…
-          Es tuyo mi Señor…úsame por favor.
-          No seré yo hoy…

Dicho esto, insertó con mimo el plug que llevaba en su mano en mi ano, y dándome un pequeño azote, me susurró al oído…

-          Te dije que hoy aprenderías una gran lección, y te aseguro que lo vas a hacer. Quiero que estés en esta posición durante el rato que yo esté con esa bella sumisa, observando pacientemente, demostrándome que realmente eres capaz de todo por mí. Eso es lo que hoy deseo de ti esclava.

-          Pero mi Señor, yo soy capaz de darte el placer que ella te pueda dar, de complacerte y obedecerte en todo.

-          Pues demuéstralo. Esto es lo que hoy quiero de ti.

Dándose la vuelta, se marchó de nuevo a prestarle atención a esa sucia perra que le esperaba con su jodido coño dispuesto a ser usado de nuevo, complaciente y servir como yo jamás he sido capaz de serlo.



Una gran lucha interior se apoderaba de mí, pues mientras ella disfrutaba de las atenciones de mi amado Señor, yo me encontraba en una esquina, de rodillas, con el culo ensartado y observando aquella escena que me producía mezcla de náuseas y excitación. Sabía que mi Amo deseaba eso de mí y no podía fallarle pero odiaba a aquella puta con todas mis fuerzas.

El plug cada vez se volvía más incómodo en mi interior, parecía que mi recto se agarraba a él con intensidad invadiendo de una sequedad molesta mi ano, mientras que mi sexo, extrañamente, se mojaba al observar las deseadas perversiones que mi Amo le regala a aquella mujerzuela. Notaba mis fluidos calientes resbalar por mis piernas y mis lágrimas resbalar por mis mejillas.

Rompí en sollozos, supliqué a mi Amo que parara aquella tortura y viniera a acariciar a su perrita que tanto lo deseaba.

Entre lamentos no me di cuenta de que mi Amo se hallaba ante mí, y mirando de reojo la habitación no vi a nadie más…¿Dónde estaría esa odiosa puta?¿cómo habría convencido a mi Amo de tal actividad?

Intuyendo mi Señor los pensamientos que recorrían mi mente, se situó frente a mí, con su rostro muy próximo al mío y me dijo:

-     Perrita, tu eres mi esclava, siempre lo serás pues llevas mi collar, pero hoy quería enseñarte que tu entrega fue completa, tu misma dijiste que me servirías en todo, y hoy he querido mostrarte que ese todo puede ser algo que te desagrade por completo y no por ello debes dejar de obedecer. ¿Comprendes?

-      Si y no mi Señor. Sabes que me duele terriblemente, que deseo estar en tus manos y someterme a Ti. No comprendo la necesidad de este acto mi Señor.

-      Justo de eso se trata esclava. No tienes que comprender mis actos. Tienes que obedecer.

-          Si mi Señor.

-          Bien, déjame que te quite el plug, arréglate con calma que iremos a cenar.

-          Pero Señor, yo sigo….

-          Sssssssssshhhhhh, demuéstrame que lo has entendido. Obedece.

-          Si mi Señor.

Con sumo tacto sacó el plug de mi interior, me ayudó a levantarme y me acompañó abrazado hasta el servicio donde me dio tiempo para recomponerme de todo lo sucedido y arreglarme para ir a cenar.

Bajando por el ascensor dijo:

-        Sé que ha sido muy duro para ti, por eso lo valoro más esclava. No des nada por sentado, tu entrega es completa y con ella estás a mi servicio. Siempre estas a tiempo de rechazarlo, si ese es tu deseo.

-          No mi Señor, soy Tuya.

-     Bien, pues cenemos y celebremos con una copita que eres mi digna esclava.

A pesar del dolor que sentía, esas palabras calmaron mi alma y aunque mi sexo ardía en deseos de ser usado, mi mente mantenía la idea de ser servil y aceptar sus designios, pues sabía que para ello me entregué a Él y me compensaba sobremanera estar a su disposición.

Debía aprender y ser la esclava que se merece.