Pleasure Shelter: Historia
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martes, 18 de febrero de 2014

La vaquita...

Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comento al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, como habitantes sólo una pareja y tres hijos, su casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado. Entonces se aproximo al señor, aparentemente el padre de familia y le pregunto: 

En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿como hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?

El señor con calma respondió: 

Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo.

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue.

A medio camino, volteo hacia su fiel discípulo y le ordeno: 

Busca la vaquita, llévala al precipicio de allí enfrente y empújala al barranco.

El joven espantado vio al maestro y le cuestiono sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Mas como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujo la vaquita por el precipicio y la vio morir.

Aquella escena quedo grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años. Un bello día el joven resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, un coche en el garaje de una tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín.

El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, acelero el paso y llegando allí, fue recibido por un señor muy simpático, el joven pregunto por la familia que vivía allí hace unos cuatro años, el señor respondió que seguían viviendo allí. Espantado el joven entró corriendo en la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hace algunos años con el maestro.

Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita): 

¿Como hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?

El señor entusiasmado le respondió: 

Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, una vez vencido el miedo nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.

El joven comprendió con ello que todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra supervivencia la cual nos causa seguridad pero también nos hace dependientes limitándonos y creyendo que nuestro mundo se reduce a nuestra vaquita y nada valemos sin ella.

(Relato encontrado en internet de autor no conocido)


martes, 22 de octubre de 2013

Elisabeth...

Elisabeth es una mujer enérgica, independiente, acostumbrada a tomar sus propias decisiones y hasta hace bien poco, gobernaba su vida. En pocas ocasiones ha tenido que acatar órdenes y siempre ha sido resolutiva para conseguir salirse con la suya. Quien la conoce dice de ella que es de carácter fuerte y que no se achanta ante nada ni nadie, poniendo todo su empeño hasta conseguir sus objetivos.

Yo también creía que ella era así, desde que la conozco no me había parado a verla de otro modo, pero ayer todo cambió, en un abrir y cerrar de ojos descubrí en ella a una nueva mujer, una que no había sabido ver antes.

Como muchos otros días coincidimos haciendo un café en el bar cercano al trabajo, no estamos en el mismo equipo ni interrelacionamos demasiado pero no había nadie de mis habituales compañeros y por cortesía me senté a su lado, preguntando previamente si aquella silla estaba libre.

Con una media sonrisa asintió, pero al mirarla vi cierta tristeza en sus ojos, y esa fachada de chica dura parecía estar a punto de desmoronarse.

No sé porque le sugerí ir a un lugar más tranquilo del bar, a unos sofás que hay donde los ejecutivos suelen mantener reuniones alrededor de un café o una copa, pues está algo mas aislado del bullicio de la zona de mesas. Ante mi sugerencia resbaló una cristalina lágrima por su mejilla, y rápidamente confiando que no la hubiera visto se la enjugó. Caminaba delante de mi y sus pasos seguros disimulaban la dulzura de ese rostro compungido que trataba de ocultar.

Me senté muy cerca de ella y le dije: "¿estas bien Elisabeth?"
Contestó primero con un "si si claro", pero no me lo creí y supo que así había sido, y dejándole tiempo para que me lo contara me quedé en silencio mirándola. Podía sentir esa mezcla entre sus ganas de hablar y el temor a hacerlo, supongo que para no perder aquella postura de mujer fuerte que siempre era admirada por todos.

Dijo: "no he estado a la altura de algo, no puedo contarte detalles porque tampoco me entenderías, pero siento un gran pesar y debo tratar de mirar como solucionarlo".

En ese instante se derrumbó y bajó su rostro hasta apoyarse en su propio regazo dejando salir el llanto que debió tener contenido muchas horas dentro de si. Al agacharse vi sobre su pecho derecho lo que me parecía un tatuaje, pero no pude ver que era exactamente.

Para tratar de desviar su malestar pensé que sería bueno cambiar de tema y le pregunté sobre ello. Un poco tímida me enseñó un poco más de ese dibujo que decoraba su redondo y turgente pecho. No podía creer lo que veía, me decía a mi misma que seguro estaba equivocada, pero la mire a los ojos mientras me decía "es algo importante para mi, aunque lo lleve oculto tiene un gran significado personal" y vi el orgullo y el amor reflejado.

Era un triskel y lo que parecían unas iniciales. Yo no salía de mi asombro, me moría de ganas por preguntar pero no quise ponerla en un compromiso ni tampoco me parecía adecuado hablar de según que temas con alguien de mi propio trabajo y con quien tan solo había hablado en contadas ocasiones.

Así que solo me salió: "precioso triskel"...

Se puso colorada y se tapó rápidamente el trocito de pecho que enseñaba tartamudeando " emmm si, bueno, es un símbolo celta".

"Si si claro", le dije con una pequeña palmada en la pierna.

Volvía a llorar de nuevo y hizo ademán de marcharse cuando le insistí que esas cosas era mejor sacarlas, que a veces pensamos que no nos entenderán y luego resulta que es todo lo contrario, ayudándonos a gestionar ese dolor.

Empezó a decir: "veras, resulta que hace poco he adquirido un compromiso con alguien, prometiendo el cumplimiento de ciertos puntos (lo relataba como si se tratase de un  contrato laboral pero yo sabia que no era así) y ayer sabiendo que iba en contra de uno de ellos primé por mis propios intereses decepcionando a la otra parte, la cual tiene en sus manos la rescisión de tal contrato"

"Mujer no te lo tomes así, seguro puedes excusarte y tratar de resarcirle", le dije.

Solo repetía sollozando "ves! no lo entiendes! no lo entiendes!"

"Quizás si eres sincera y me cuentas la verdad pueda entenderlo, dímelo, venga, puedo entender de que se trata, se lo que significa ese triskel, esas iniciales y esos sentimientos tan dolorosos que estas experimentando, dime que es por esa relación D/s y te contaré algo". Sabia que esas iniciales solo son comprendidas dichas de forma rápida por quien está viviéndolo y todas las señales me llevaban hacia ello.

Su cara era un poema y abrazándose a mi dijo que no podía creer lo que le decía, que no pensaba que yo, que no era posible que yo...y cogiendo camino al trabajo para tener algo de intimidad empecé a contarle:

"Mira Elisabeth, yo hace ya algún tiempo que firmé ese contrato, parece que algo más que tú porque reconozco en ti esa ansiedad que causan esos inicios, sé que el mundo se hunde cada vez que cometes algun fallo, que quisieras resarcirle del modo que fuese, pero la única forma es aprendiendo de esos fallos".

Así que por fin me dijo " llegué a casa ayer a eso de las 22h, cansada y algo tensa por todo lo que sucedió aquí en el trabajo, solo quería que me dejaran en paz, descansar y no pensar en nada, pero tengo ciertas obligaciones al llegar a casa, aunque sea tarde, aunque no me apetezcan, pero no las hice. Cuando llegó mi Amo ni siquiera preguntó, sabía por mi actitud esquiva que no había acometido mis quehaceres, así que me ordenó me desnudase y le esperase en la sala de estar.

Vi que traía el cinturón en la mano, sabe que odio el cinturón y me dijo tiempo atrás que solo lo usaría cuando yo descuidase mis deberes, que el no-uso de ese instrumento era un privilegio que me concedía.

No dije nada pero me temblaban las piernas, adopté la posición y asumí los azotes que me impuso, y aunque perdonó mi fallo hay algo que me corroe, una sensación amarga que no dejo de lado y que no se siquiera definir. sabes de que te hablo?"

Tenía claro ese pesar, ese arrepentimiento de conocer tus obligaciones y no hacerlas, de dejarte vencer por muchas de las excusas que todas ponemos y que nos sirven cuando no nos escuchamos a nosotras mismas para no reconocernos el fallo, pero que cuando es evidente para nuestro Señor deja de ser aceptable para nosotras mismas, y pasamos a la incomprensión del porque lo hice, si yo sabía que, si tenía que haberlo visto, pude haber parado a tiempo, etc etc etc...

Se lo dije así, y solo asentía fervientemente con la cabeza hasta que explico: "llevaba días recibiendo una especie de señales en mi cuerpo, algo me indicaba que no iba bien, que tenía que parar, que debía centrarme, pero no lo escuchaba, no podía ser, era más fuerte mi apetencia que mi compromiso, y esas señales eran fácilmente silenciadas mientras todo salía como yo quería. No me sentía bien, una especie de vértigo se ceñía y me daba un mayor impulso en la carrera que irremediablemente me llevaría a descarrilar".

Dijo que debía irse, pero que en esa breve conversación había comprendido mucho más de lo que podía imaginarme, que decirlo en alto le había ayudado y sabía que debía hacer.

Me quedé inmóvil, yo he sentido esas señales provenientes de mi misma, nunca les he dado la importancia que merecen, últimamente yo también las he silenciado, no he creído en ellas y sé que me hubiera ido bien parar a tiempo. Hoy mismo las he oído con claridad, hoy vi que debía decirme un BASTA y actuar como sé que debo hacerlo, porque las excusas no deberían servirme, porque la teoría hay que llevarla a la práctica, y por eso hoy estoy aquí escribiendo estas letras.

Yo también me pregunto...¿porque no paré a tiempo?¿porque sabiéndolo seguí dejándome dominar por mis caprichos?¿porque toda esa teoría se queda en eso y no aplico lo que de sobras sé?

Elisabeth fue privada de uno de sus privilegios, ganó unos desagradables sentimientos que, creo no equivocarme al afirmar, todos hemos sentido al descuidar nuestros compromisos y decepcionar a quien espera y merece de nosotros, pero también ha comprendido que esas señales deben ser escuchadas, que es capaz por si misma de mucho más de lo cree.

Todas podemos ser esa Elisabeth...yo la primera, me avergüenzo de mi misma, de mis muchas palabras y mis pocos actos acordes a ellas, pero confío estar a tiempo y que no me sean eliminados más privilegios, pues quien los otorga los hace con agrado si son merecidos y yo los gozo con intensidad.

A veces vernos reflejados en alguien te hace darte cuenta, mirar desde fuera ese personaje, en este caso llamado Elisabeth, te hace analizar tu propia escena y ser capaz de descubrir porque tu mismo cometiste ese fallo. 

Tengo una valiosa voz interior, unas sensaciones que me dan señales que desatiendo y debería hacerles mucho más caso, porque hoy sé que no me mienten, sino que soy yo la que me engaño a mi misma...

Gracias Elisabeth por tanto como me has ayudado esta tarde...

Gracias mi Señor por Tu paciencia y por el enorme esfuerzo que haces para enseñarme...



miércoles, 2 de octubre de 2013

Los dientes del Sultán.

Hoy quiero compartir con vosotros un cuento que seguro la mayoría conocéis del libro de "Las mil y una noches", que como sabéis es una fascinante recopilación árabe de cuentos del Oriente Medio medieval.

Quizás penséis que no tiene nada que ver con la temática general de mi refu, pero yo, en mi atípico pensamiento, he encontrado un doble símil, o mejor dicho un símil de doble dirección.

Para no condicionar vuestra propia visión, os pongo primero el cuentito y después os explico mi parecer...espero que lo disfrutéis y me contéis que os transmite a vosotros...
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Los dientes del Sultán.

En un país muy lejano, al oriente del gran desierto vivía un viejo Sultán, dueño de una inmensa fortuna.

El Sultán era un hombre muy temperamental además de supersticioso. Una noche soñó que había perdido todos los dientes. Inmediatamente después de despertar, mandó llamar a uno de los sabios de su corte para pedirle urgentemente que interpretase su sueño.

- ¡Qué desgracia mi Señor! - exclamó el Sabio - Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.
- ¡Qué insolencia! - gritó el Sultán enfurecido - ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!

Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos, por ser un pájaro de mal agüero. Más tarde, ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

- ¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que vuestra merced tendrá una larga vida y sobrevivirás a todos sus parientes.

Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los consejeros reales le dijo admirado:

- ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños del Sultán es la misma que la del primer Sabio. No entiendo por qué al primero le castigó con cien azotes, mientras que a vos con cien monedas de oro.
- Recuerda bien amigo mío --respondió el segundo Sabio-- que todo depende de la forma en que se dicen las cosas... La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la enchapamos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado...
- No olvides mi querido amigo --continuó el sabio-- que puedes comunicar una misma verdad de dos formas: la pesimista que sólo recalcará el lado negativo de esa verdad; o el optimista, que sabrá encontrarle siempre el lado positivo a la misma verdad".
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Seguro que todos tenéis vuestra propia versión a este cuento con moraleja, pero lo prometido es deuda, y aquí van mis reflexiones:

Me ha hecho pensar que en nuestras relaciones D/s todos aceptamos que nuestro Amo va a corregir nuestra actitud, va a regañarnos en ciertos momentos y a castigar nuestros desvíos, pues es parte de nuestro "contrato", y en ocasiones se asume que ello implica cierta acritud, creyendo ambas partes que así se impone de forma más eficaz. 

Sé que no a todos nos afectan igual las formas pero para mí, (en alguna otra ocasión ya lo he comentado) la brusquedad en el trato no me ayuda, más bien lo opuesto, y por el contrario no hay nada que me impacte más que una regañina o un correctivo aplicado desde la dulzura, sabiendo que se hace desde el cariño, desde el mutuo acuerdo y las ganas de trabajar en común. Creo que es bueno y en este caso necesario decir la verdad sin tapujos pero eso no está reñido con la ternura.

Antes he dicho que era un simil de doble sentido, y es porque este cuento también me ha hecho pensar en la idea que se tiene muchas veces de que la parte sumisa no debe nunca dar su opinion, que un Amo jamás se equivoca, que ella no es quien para hablar de ello, etc etc etc...

Evidentemente, eso se pacta dentro de cada relación y siempre que sea consensuado, nada tengo que decir, pero para mi, la D/s es crecimiento de las dos partes, y entiendo que no hay nada de malo en que el Amo conozca aquello en que, a nuestro parecer, puede estar errado. Siempre es más sencillo cuando el Amo también lo desea y vive así, y es el primero en interesarse por conocer la visión de su sometido, dando muchas oportunidades de expresarse libremente a la parte sumisa, símbolo, para mí, de inequívoca y necesaria confianza. 

Siempre es importante reconocer el momento en que se puede uno sincerar, pero siempre que se haga mejor hacerlo con dulzura, sin recriminación, sin recelo, sólo para la mejora y comunión.

Y hasta aquí mis reflexiones del cuentito...

Feliz noche a todos.




lunes, 18 de febrero de 2013

Eraria



Se cuenta que en una tierra lejana conocida con el nombre de Eraria un poderoso duende había escondido grandes tesoros. Muchos habían sido los que viajaron hasta ese lugar para hacerse con tal botín, pero tras comprobar lo agreste que resultaba ser aquel terreno desesperanzados habían abandonado la aventura, y destinaron sus vidas a la búsqueda de cómodos caudales.

La leyendo llegó a todas las tierras conocidas, y como un cuento que pasa de padres a hijos se contaba en las frías noches de inverno delante de la lumbre.

Eul, un joven de la provincia de Ergo había crecido en el sino de una familia humilde, pero siempre le había oído a su padre decir que él haría grandes cosas y su nombre sería recordado.

Eul se miraba desde pequeñito todos los días al espejo tratado de descubrir aquello que ante los ojos de su padre le hacía tan especial, pero al hacerlo tan solo veía un niño más bien escuchimizado, con el pelo cobrizo y pecas en su cara, con un aspecto poco imponente y asustadizo.


Uno de esos días, su padre se puso detrás de él y al observar la fortaleza de su padre le dijo:

  • Padre me dices que haré grandes cosas, pero mírame, tu eres sabio y fuerte, todo el mundo te respeta por tu presencia, pero de mi todos se ríen, e incluyo yo mismo al mirarme me siento insignificante.

El padre cogiéndolo por los hombros con firmeza le dijo:

  • Hijo, yo sé tu potencial, y gasto toda mi vida en prepararte para que seas capaz de sacar tanto cuanto albergas y no dudo ni un segundo de que así será llegado el momento. ¿tu confías en mi?

Asintió el pequeño Eul con los ojos repletos de lágrimas.

  • Entonces hijo mio, prosiguió el padre, hazme caso y verás por ti mismo como todo aquello que te enseño algún día dará sus frutos y comprenderás lo que ahora no alcanzas a conocer.

Siguió mirándose en el espejo y aún sin comprender muy bien las palabras de su padre, sintió su consuelo y pensó que no podía defraudar la confianza que su padre había depositado en él, y que aunque no llegara a ser nadie especial, pondría todo su empeño para cumplir aquello que él de demandara, pues para su padre si era importante.

Así pasaron los años, y Eul obedecía fehaciente todas las indicaciones de su padre y creció en esencia aunque su presencia continuase siendo la de un joven enclenque.

Una mañana del mes de febrero, el joven despertó y no vio a su padre en el lecho como solía ser costumbre, y pensó que debía haber ido a trabajar al campo antes de la hora habitual, así que se arregló, desayunó y se fue al encuentro de su padre.

Al llegar dispuesto al trabajo no encontró a su padre allí y tras buscarlo desesperadamente fue hasta el pueblo más próximo para ver si había ido a comerciar. Allí le contaron que había sido visto colina abajo huyendo despavorido como si algo le persiguiese pero nadie supo decirle de que.

Retornó a casa, preparó un hatillo con cuatro cosas para el camino y salió en su busca, siguiendo las pistas que le iban dando aquellas personas con las que se cruzaba. 

Pasó días y noches, sin perder la esperanza de encontrarle, hasta que una noche, tras cenar en una posada de un pueblo lejano a su natal, el mesonero le dijo:

  • ¿Eres Eul?

Entristecido y cansado le contestó asintiendo desganado.

  • Entonces tengo algo para ti, mientras le hacia entrega de un pequeño trozo de papel doblado en cuatro partes.

Al abrirlo vio la letra de su padre que decía así: 

HA LLEGADO TU MOMENTO, 
RECUERDA CUANTO TE ENSEÑÉ.

Le resultó del todo incomprensible aquel mensaje y lloró amargamente dejándose llevar por el cansancio y el desánimo. Tras dormir esa noche en la posada y recuperar fuerzas, salió de nuevo sin comprender a que se refería su padre en aquella nota, pero la experiencia le decía que su padre siempre hablaba con razón y algo debería ocurrirle.

Cogió el camino que conducía al siguiente pueblo, la inercia le llevaba un paso tras otro mientra en su mente sólo se repetían las palabras que  esperaban algo le revelasen: HA LLEGADO TU MOMENTO, RECUERDA CUANTO TE ENSEÑÉ...

Por el camino se encontró a dos hombres hablando de forma apresurada, asustados por la noticia que había llegado a sus oídos  pues parecía ser que en una tierra no muy lejana a donde se encontraban llamada Eraria un horrible ogro estaba acabando con la vida de todos cuantos se acercaban con la intención de conseguir un tesoro que aguardaba en una gruta.

El chico se acercó a ellos para conocer los detalles y sintió el impulso de acercarse allí a comprobar por si mismo aquello que le contaron. 

A pocos kilómetros encontró fornidos caballeros, fuertes guerreros, esclavos enviados por sus reyes tras años de preparación, y todo tipo de artilugios e inventos para enfrentarse al temido Ogro, al que habían bautizado como Miedo por el pavor que causaba a todos.

Se unió a ellos por los abruptos montes, hasta llegar a Eraria. Eul no podía vislumbrar absolutamente nada pues su altura no le permitía más que quedar casi enterrado entre todos aquellos asombrosos guerreros armados hasta los dientes para derrotar a Miedo.

Uno tras otro iban cayendo, o bien morían en el intento o salían despavoridos huyendo tras el intento de enfrentamiento.

Entre el ruido de la batalla a Eul le pareció oír a su padre llamándolo y sin pensárselo dos veces corrió hacia la dirección de donde emergía la voz. Se hizo paso entre todo aquel gentío oyendo los comentario y burlas respecto a su indefensión y poca valía para enfrentarse a Miedo.

Hizo caso omiso, solo seguía la voz de su padre, y tras dejar atrás a todos aquellos que de él se reían vio un pequeño desfiladero con una estrecha gruta al fondo. Corrió tanto como pudo, y estando en esa carrera sintió una pequeña llama acercarse a su rostro, sintió su calor, vio como pretendía cortarle el paso pero la voz de su padre era lo único a lo que atendía, su único propósito.

Atravesó la estrecha entrada sin dificultad y en vez de acogerle la esperada oscuridad quedó impresionado por la luz que en aquella gruta había. Millones de piedras preciosas, oro, y las mayores riquezas que jamás se podían imaginar estaban allí escondidas. 

Creía que debía haber muerto y eso era el paraíso, o quizás todo era un sueño y al despertar se encontraría en el lecho junto al de su padre.

Un fogonazo de luz le cegó por unos instantes y ante si apareció un duende que le dijo:

  •  Soy el guardián del tesoro, durante décadas muchos guerreros han intentado acceder a la gruta y ser dueños de este maravilloso tesoro, pero esto que tienes ante tus ojos te pertenece por tu decisión y coraje, y serás aclamado por todos los pueblos como el vencedor del Ogro Miedo.

El joven tembloroso dijo con sinceridad que no era merecedor de todo aquello pues no se había tenido que enfrentar con nadie, que tan solo le pareció oír la voz de su padre y siguió su vibración hasta ese lugar.

Reclamando su atención el duende le mostró a la llama, y le dijo: 

  • Esto que tienes frente a ti es el Ogro Miedo, temido por generaciones y tu le has vencido.
Con extrañeza le respondió el joven Eul:


  • Perdóneme pero no lo entiendo, ¿como puede ser este el temido Ogro?

Continuó explicándose el duende:

  • Como bien sabes este ogro se llama Miedo, y se alimenta del pensamiento, de las dudas, de la cobardía y cuando más centran su atención en él más fuerte e invencible se hace, haciendo pues que sea imposible derrotarlo. Tu en cambio, ni una sola vez le has alimentado, has sido fiel a tu propósito,  te has centrado en una meta más elevada dejándole sin entidad para combatir, reduciéndolo a su mínima expresión. Por ello, estimado joven, eres digno de este tesoro para el cual durante toda la vida te has preparado.

Fuera le esperaban cantando cánticos guerreros todos aquellos fornidos hombres. 

Salió de la gruta acompañado por el duende, que fue desde ese preciso momento su mejor amigo y asesor, por la cálida llama, que nada más ver la luz ante todos aquellos guerreros que aguardaban fuera se convirtió de nuevo en el grandioso Ogro Miedo, el cual desde entonces fue su acérrimo protector. 

Se reencontró fuera con su padre, que le dijo que todo el pueblo le aclamaba y que el rey de las tierras, ya muy enfermo, al conocer su hazaña, había estimado que se casara con su preciosa hija y fuera rey, pues su valía interior haría que fuese el rey que su tierra necesitaba.

El hijo miró a su padre aún asombrado y éste le dijo: 

  • Hijo, me has obedecido como prometiste y esto te ha llevado a crecer desde el interior, a que tus convicciones fueran firmes y no abandonaras tus metas, por mucho esfuerzo que supusieran, y por ello, sabía que harías grande cosas. Disfruta ahora de tu fortuna y no pierdas de vista nunca aquello que te ha llevado a estar donde ahora te encuentras.

Hoy aún desconociéndose la verdadera historia se cuenta la leyenda de como el rey Eul, cuando apenas era un joven enclenque, sometió en el interior de la gruta al Ogro Miedo con técnicas mágicas que nadie conoce, y desde ese momento es su fiel guardián.


sábado, 5 de enero de 2013

Aventura de una noche

Como sabéis ayer salí de fiesta, y como suele ocurrir (al menos a mi) no hay fiesta sin anécdotas, y hay una, aunque quizás sea la más tonta, que me dio mucho que pensar, y quería compartirla...

Fuimos a cenar montaditos, o pinchos como se les llama en algunos lugares. Debía ser una cena rapidita, de unos 20 minutos, y aunque no me parece muy higiénico tener allí expuesto ante tanta gente lo que después entrará en mi boca, en esos momentos dejo aparcadas las manías y al ataque...

Así que, observaba desde la distancia, había bastante gente, el montadito que me llamaba la atención, y después con bastante dificultad me aproximaba con el típico "permiso, permiso"...

Todo el mundo suele apartarse para dejarte llegar "cómodamente", pero aquel tío no lo hizo, más bien al contrario...El muy CA___ se apalancó delante y ante mi "permiso" solo clavó sus ojos en mi cuerpo y me pegó un repaso de esos que te desnudan.

Yo solo pensé "GILIPOLLAS!!" y seguí a la mía ignorando ese gesto.

No soy muy alta que digamos y me costó un poco llegar hasta mi montadito, pero ya era un reto para mí, menuda soy yo cuando se me mete algo en la cabeza...

Cuando logré alcanzarlo, el montadito era temblón, no paraba de menearse para todos lados y pensé que se me caería por la barra antes de poderlo poner el plato.

Concentrada en la tarea estaba cuando va el tío y me dice: "no te pongas nerviosa nena", evidentemente aún con la mirada sucia.

A ello contesté ya de retirada: "ya te gustaría".

Y su "mmmmm me la pido!!!" en aquel momento me dio asco, pero seguí caminando sin siquiera mirarlo, con actitud orgullosa y cierto desprecio, lo reconozco.

¿Qué esperaba que me abalanzase ardientemente? ¿Qué imaginaba esa cabecita caliente?....

Cuando llegué a mi rinconcito, donde me esperaban, pude comprobar que no todo el mundo vio ese gesto como yo, sino más bien al contrario...

- Pues no está mal el chico...
- Jolin hija que rancia...
- Date un gusto nena...por una noche...
- etc etc etc

A parte de esos jueguecitos verbales para intentar sacarme los colores, el fondo de la conversación adquirió otro cariz y de ahí salió un tema algo controvertido...las aventuras de una noche...

Quisieron saber en ese momento que sentí, porque fui tan borde y no jugué, como según parece, suele ser lo habitual, el tonteo, el "simple y llano" tonteo en una noche de fiesta...

Que queréis que os diga...a mi no me sale, ni tampoco me gusta...aunque para muchas sea un halago que un hombre reaccione así ante ellas, no para mí, no de ese modo... Cuando el tío se atrevió a desnudarme con la mirada, cuando se creía con el derecho de ves a saber que (allí había teorías de todo tipo) mi cuerpo y mi mente se sintieron reacios, huía de aquella sensación, me resultaba desagradable. 

De camino a mi rinconcito, sentí mi cuerpo y mi mente abandonarme, como si se alejara de mi y se postrara dulcemente a los pies de mi Señor, y me invadió la posesión. Sí, me puse posesiva, protectora de un bien ajeno, del cual yo soy la encargada de velar por él.

Es difícil de explicar, y muy lógico que mis acompañantes no lo comprendan, y según decían menos aún porque mi pareja no iba a enterarse de nada, porque la distancia era mi escudo, porque total solo era una noche, porque....

Sinceramente, no tengo ninguna necesidad, más bien al contrario, y debo confesar que lo que más me hace gozar es sentir en cualquier lugar donde esté, por muy lejano que sea, que pertenezco a mi Señor. Adoro que me acompañe de ese modo, y que mis pensamientos y mis actos independientemente de que me tenga a mil kilómetros sean los mismos que cuando estoy pegadita a Él.

¿Que sentido tiene sino? y...¿que sentido tienen las aventuras de una noche? yo tengo aventuras cada noche y cada día con Él...¿para que buscar otra cosa?....

Debo ser atípica de verdad, pero hay cosas que no las comprendo...ni las acepto...

Así que como hoy es el dia que viene los Reyes Magos...ese tio tiene la oportunidad de hacer realidad ese "mmmmm me la pido"...pero como dice mi Señor...."vigila lo que deseas porque a veces se cumple"...

Pobrecito si le traen un duplicado de dana....uuuuuufffff menuda le espera ¿verdad mi Señor? jijiji....porque a ésta que os escribe os aseguro que no la tendrá...porque ésta ya tiene Dueño y feliz de que así sea....

Dulce tarde/noche de Reyes...y ya sabéis....cuidaos mucho de lo que deseáis...

Besines!



domingo, 2 de diciembre de 2012

Frontera

Salgo de mi para reconocerme, para dejarme ver y para mostrarme a mi misma qué y cómo siento cuando la frontera está tan cerca.

Aunque me acerco sigilosa conociendo aquello que me espera tras ella, siento el temor al aproximarme, pues un solo paso más, o medio, desencadena todo cuanto no deseo.

Debería, sin duda, ni siquiera acercarme, no se porque insisto en conocer todos los límites que conforman el territorio, ¿porque la curiosidad me puede si ya sé lo que con ella sucede?. 

Escucho una voz silenciosa, acuden prestas las respuestas que yo misma me concedo y el vértigo se apodera de mi visión nublándome toda posible reacción.

Entonces, solo entonces, me doy cuenta de que se acerca, noto la presencia de esa divisoria que siento más no veo, que engalanada con sus mejores trajes me reclama, me tienta con frutos prohibidos y me atrae con placeres inciertos.

NO!, me digo a mi misma, y sintiendo mi débil forma busco oculto refugio donde su falsa magia no me alcance. 

Se aproxima a la guarida, sabe también todos mis trucos, promete gloria donde solo hay dolor, disfraza sentires aludiendo juegos inofensivos, creyendo que así podrá hacerme cruzar.

Entre el polvo que levanta, entre la espesa bruma que la encubre, hay una luz distinta, hay un faro intermitente que reclama mi atención, y desdibuja esos deleites que tan afanosamente me ofrecían.

Del embrujo de tan adulterada belleza el haz consiguió rescatarme, devolviéndome a mi hogar, lejos de tan peligrosa frontera. 

Le recriminé que no estaba e insistí en que nunca más se marchara. Dijo que siempre estuvo más yo no la miraba, y mientras mis lágrimas resbalan por mis cálidas mejillas, desahogando el temor de tan arriesgada aventura, me cegó por un instante al coger una de esas blancas lágrimas y con un fuerte destello se hizo piedra en mi lágrima.

De ese modo, siempre la llevo conmigo, siempre brilla en mi oscuridad y palpita junto a mi corazón haciendo gala de su valor. 

Me aferro con fuerza a ella, la contemplo, la mimo, porque jamás de mi se desprende para hacerme sentir segura, protegida, guiada, reconociéndola como la luz que me guía y me alienta.

Quien la ve cree que es simple, que carece en su forma de todo valor, pero nosotras sabemos la verdadera esencia que esconde, su motivo, su vivir en mi y tanto como juntas hemos ya recorrido.

De nuevo hoy, fue ese haz de luz que me sacó de la tiniebla, de nuevo doy gracias porque siempre me recuerde donde habito, donde me hallo y hacia donde encaminar mis pasos.

Nunca sabré porque eligió esa lágrima, ni quien la impulsó a salvarme, pero no quiero perderla por mucho tiempo que pase...

Doy las gracias una vez más...

viernes, 9 de noviembre de 2012

El círculo del 99


Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.

Un día el rey lo mandó a llamar.

Paje -le dijo- ¿cuál es el secreto?
¿Qué secreto, Majestad?
¿Cuál es el secreto de tu alegría?
No hay ningún secreto, Alteza.
No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.
¿Por qué está siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por qué?
Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?
Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar -dijo el rey-.. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando…
Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!

El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y ,alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.

¿Por qué él es feliz?
Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
¿Fuera del círculo?
Así es.
¿Y eso es lo que lo hace feliz?
No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz
Así es.
¿Y cómo salió?
¡Nunca entró!
¿Qué círculo es ese?
El círculo del 99.
Verdaderamente, no te entiendo nada -dijo el Rey-.
La única manera para que entiendas, sería mostrártelo en los hechos.
¿Cómo?
Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
Eso, ¡obliguémoslo a entrar!
No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
Entonces habrá que engañarlo.
No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solo en el círculo.
¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
Si, se dará cuenta.
Entonces no entrará.
No lo podrá evitar.
¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?
Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
Sí Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. 99!
¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso?
Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
Hasta la noche.

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: “Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie como lo encontraste”.

Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde detrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta y entró a su hogar.

El rey y el sabio se arrimaron a la ventana para ver la escena. El sirviente ingresó presuroso a su hogar y con su brazo arrojó al piso todo lo que había sobre la mesa, dejando sólo la vela. Se sentó y vació el contenido de la bolsa… Sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro! El, que nunca había tocado una de estas monedas, tenia hoy una montaña de ellas. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar a la luz de la vela, las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis…. y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60….hasta que formó la última pila: ¡9 monedas!

Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. «No puede ser», pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.

Me robaron -gritó- ¡me robaron!

Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99″. -99 monedas es mucho dinero- pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo -pensaba- Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?

Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico.

Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. «Doce años es mucho tiempo», pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡Era demasiado tiempo!

Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender… vender… vender…

Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99…

Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando de pocas pulgas.

¿Qué te pasa?- preguntó el rey de buen modo.
Nada me pasa, nada me pasa.
Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.




(cuento escrito por Jorge Bucay, un psicodramatista, terapeuta gestáltico y escritor argentino)
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Que cada uno saque sus propias conclusiones....a mi me da que pensar...

jueves, 25 de octubre de 2012

Aguanta un poco más...


Se cuenta que una vez en Inglaterra, existía una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Una de esas tiendas era una en donde vendían vajillas antiguas. 

En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita. “¿Me permite ver esa taza?” Preguntó la señora, “¡nunca he visto nada tan fino como eso!” En cuanto tuvo en sus manos la taza, escuchó que la tacita comenzó a hablar. 

- Usted no entiende – Yo no siempre he sido esta taza que usted esta sosteniendo. Hace mucho tiempo yo era solo un montón de barro. Mi creador me tomo entre sus manos y me golpeó y me amoldó cariñosamente. 

Luego llegó el momento en que me desesperé y le grité: “Por favor”... Ya déjame en paz... 
Pero mi amo sólo me sonrió y me dijo: ...”Aguanta un poco más, todavía no es tiempo.” 

Después me puso en un horno. Yo nunca había sentido tanto calor... Me pregunté por que mi amo querría quemarme, así que toqué la puerta del horno. 

A través de la ventana del horno pude leer los labios de mi amo que me decían: “Aguanta un poco más, todavía no es tiempo...” 

Finalmente se abrió la puerta, mi amo me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara. 

“Así está mucho mejor”.. me dije a mi misma, pero apenas me había refrescado, cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintando. El olor a la pintura era horrible...”Sentía que me ahogaría”.....”Por favor detente...” le gritaba yo a mi amo; pero él solo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía: “Aguanta un poco más, todavía no es tiempo...” 

Al fin mi amo dejó de pintarme; pero, esta vez me tomó y me metió nuevamente en otro horno... No era un horno como el primero; sino que era mucho más caliente... 

Ahora sí estaba segura que me sofocaría... Le rogué, y le imploré a mi amo que me sacara... 

Grité, lloré; pero mi creador sólo me miraba diciendo “Aguanta un poco más, todavía no es tiempo” 

En ese momento me di cuenta que no había esperanza... Nunca lograría sobrevivir a ese horno... Justo cuando estaba a punto de darme por vencida se abrió la puerta y mi amo me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aun más alta que la primera. Allí me dejó un momento para que me refrescara. 

Después de una hora de haber salido del segundo horno, mi amo me dio un espejo y me dijo: “Mírate” “¡Esta eres tú!” 

¡Yo no  podía creerlo! ¡Esa no podía ser yo! Lo que veía era hermoso. Mi amo nuevamente me dijo: “Yo sé que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos; pero si te hubiera dejado como estabas, te hubieras secado. Sé que te causó mucho calor y dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado. 

También sé que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado tu vida no tendría color. Y si no te hubiera puesto en el segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido la suficiente para que subsistieras. 

”¡Ahora tú eres un producto terminado!” “¡Eres lo que imaginé cuando te comencé a formar!”. 

(historia de autor desconocido)

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A veces no lo comprendo, en ocasiones duele, me asusto o no me siento capaz, pero confío en que Tus manos harán de mi la obra de Tu orgullo y Tu pasión.

Gracias mi Señor por moldearme.





martes, 18 de septiembre de 2012

Tu peor enemigo...

Suelo contar historias con moraleja de otros autores desconocidos pero hoy quiero compartir algo de mi propia vida, un hecho real, que viene a mi mente por los recientes acontecimientos que estoy viviendo. Os cuento:

De pequeñita no aprendí a ir en bici, simplemente porque no tuve la oportunidad, y ya de mayor, me empeciné en cumplir un sueño...conducir una moto. Evidentemente cuando me puse sobre la moto muerta de miedo por subirme a un vehículo de dos ruedas, la ostia que me metí fue descomunal. 

El profesor no comprendía como podía ser que tan solo arrancar perdiera el equilibrio de ese modo y debí confesar mi secreto. Evidentemente me metió una bronca bien merecida, y dijo que si le hubiera dicho que no sabía ni ir en bici hubiera puesto los medios para que no fuese tan traumático y lentamente hubiera evolucionado. 

Superada esa vergüenza, empezó mi duro enfrentamiento con los objetos varios que se empecinaban en meterse justo delante de mi rueda, hasta que el profe dijo "si me hicieras caso y dejaras de mirarlos quizás podrías evitarlos".

Empecé a prestarle atención, a escuchar todas y cada una de sus indicaciones, dejando de lado todos aquellos temores e inseguridades que me alcanzaban cuando me sentía incapaz y pensaba que mi sueño era una completa locura, y vi la necesidad de obedecer en todo, porque al fin y al cabo él era quien sabía de aquello.

Desde ese momento, las cosas empezaron a ir mejor, menos cuando surgían mis miedos y los combatía intentando trampear para conseguir sin esfuerzo aquello que me proponía, y el resultado inmediato volvía a ser desastroso, teniendo que oír de nuevo un "tu misma, si te empeñas en hacerlo difícil..."

Vertí infinidad de lágrimas subida en aquella moto y de noche en mi lecho recordando el ridículo de que me hiciera bajar de ella y dar vueltas a pie hasta que me calmaba. Incluso una vez dijo: "si va a ser así mejor renuncia". En ese momento, me sentí ofendida, dolida de que se le pasara solo por la mente que yo iba a abandonar mi sueño, y me llené de orgullo que me dio la fuerza necesaria para demostrarnos que si me aplicaba era capaz, que solo necesitaría un poco más de tiempo...

Aprobé a la primera y justo cuando acabé el examen me abrazó, sé que lo pasó fatal conmigo, y dijo saber que podía hacerlo porque era algo que deseaba de verdad, y que ponía todo mi empeño, pero que mi peor enemigo era yo misma, y por eso había sufrido tanto para conseguirlo.

Es un tonto ejemplo si, pero deja claro muchas cosas esenciales, a las que hoy me vuelvo a enfrentar.

Me han mostrado lo que hay abajo del precipicio porque me obcecaba en caminar hacia allí y aunque ahora se que llevaba todos los arneses de protección, ver el fondo me ha hecho reaccionar. 

No puedo decir que de repente todo sea maravilloso y espere que por haberlo visto vaya a ser mano de santo y todo esté hecho, pero si puedo asegurar que tengo claro lo que deseo y lo que no, y para nada quiero seguir el camino difícil, porque esta elección tomada con plena consciencia ya conlleva consigo mucha dificultad y no estoy dispuesta a permitirme más este dolor extra y absurdo, no solo mío sino de mi Señor.

Por suerte no me ha soltado, sigo teniendo el collar sólidamente sujeto a mi cuello y una cadena bien cortita, más que nunca, hasta Su firme mano, y no voy a desaprovechar la oportunidad de aprender de este duro momento, para hacer que mi sumisión avance y nuestro vínculo salga fortalecido.

Estoy completamente convencida que mi entrega llegará a Ser y será Tuya, porque ese es mi sueño y será mi realidad, porque me has mostrado cuanto puede reportarme y yo soy capaz de darlo aplicándome con tenacidad en Tus enseñanzas. 

Estoy dispuesta a cumplir con aquello a lo que me comprometí, con mi deber como Tu esclava:




Gracias por aceptar mis disculpas, por Tú ímpetu de hacer de mi Tu sierva y por el cariño mostrado a pesar de mi gran fallo.


lunes, 17 de septiembre de 2012

¿Que dicen nuestros miedos?


Un pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol.

Muy cerca del camino se encontraba un chapulín. -Hacía dónde te diriges?, le preguntó.

Sin dejar de caminar, la oruga contestó: -Tuve un sueño, anoche soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.

Sorprendido, el chapulín dijo mientras su amigo se alejaba: -Debes estar loco!, Cómo podrás llegar hasta aquel lugar? -Tú, una simple oruga! Una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable.

Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse.

De pronto se oyó la voz de un escarabajo: -Hacía dónde te diriges con tanto empeño?

Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante: -Tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde ahí contemplaré todo nuestro mundo.

El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo: -Ni yo, con patas tan grandes, intentaría una empresa tan ambiciosa.

El se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros.

Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a desistir. No lo lograrás jamás! -le dijeron-, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir.

Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar. -Estaré mejor, fue lo último que dijo, y murió.

Todos los animales del valle por días fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo. Había construido como su tumba un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable.

Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos.

De pronto quedaron atónitos. Aquella carcasa dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta.

Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arcoiris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: Una mariposa.

No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría. Se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño, el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir. Todos se habían equivocado.

(historia de autor desconocido)




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El éxito de la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino.


lunes, 20 de agosto de 2012

Las flechas del guerrero


De todos los guerreros al servicio del malvado Morlán, Jero era el más fiero, y el más cruel. Sus ojos descubrían hasta los enemigos más cautos, y su arco y sus flechas se encargaban de ejecutarlos.

Cierto día, saqueando un gran palacio, el guerrero encontró unas flechas rápidas y brillantes que habían pertenecido a la princesa del lugar, y no dudó en guardarlas para alguna ocasión especial.

En cuanto aquellas flechas se unieron al resto de armas de Jero, y conocieron su terrible crueldad, protestaron y se lamentaron amargamente. Ellas, acostumbradas a los juegos de la princesa, no estaban dispuestas a matar a nadie.

¡No hay nada que hacer! - dijeron las demás flechas -. Os tocará asesinar a algún pobre viajero, herir de muerte a un caballo o cualquier otra cosa, pero ni soñéis con volver a vuestra antigua vida...

Algo se nos ocurrirá- respondieron las recién llegadas.

Pero el arquero jamás se separaba de su arco y sus flechas, y éstas pudieron conocer de cerca la terrorífica vida de Jero. Tanto viajaron a su lado, que descubrieron la tristeza y la desgana en los ojos del guerrero, hasta comprender que aquel despiadado luchador jamás había visto otra cosa.

Pasado el tiempo, el arquero recibió la misión de acabar con la hija del rey, y Jero pensó que aquella ocasión bien merecía gastar una de sus flechas. Se preparó como siempre: oculto entre las matas, sus ojos fijos en la víctima, el arco tenso, la flecha a punto, esperar el momento justo y .. ¡soltar!

Pero la flecha no atravesó el corazón de la bella joven. En su lugar, hizo un extraño, lento y majestuoso vuelo, y fue a clavarse junto a unos lirios de increíble belleza. Jero, extrañado, se acercó y recogió la atontada flecha. Pero al hacerlo, no pudo dejar de ver la delicadísima y bella flor, y sintió que nunca antes había visto nada tan hermoso...

Unos minutos después, volvía a mirar a su víctima, a cargar una nueva flecha y a tensar el arco. Pero nuevamente erró el tiro, y tras otro extraño vuelo, la flecha brillante fue a parar a un árbol, justo en un punto desde el que Jero pudo escuchar los más frescos y alegres cantos de un grupo de pajarillos...

Y así, una tras otra, las brillantes flechas fallaron sus tiros para ir mostrando al guerrero los pequeños detalles que llenan de belleza el mundo. Flecha a flecha, sus ojos y su mente de cazador se fueron transformando, hasta que la última flecha fue a parar a sólo unos metros de distancia de la joven, desde donde Jero pudo observar su belleza, la misma que él mismo estaba a punto de destruir.

Entonces el guerrero despertó de su pesadilla de muerte y destrucción, deseoso de cambiarla por un sueño de belleza y armonía. Y después de acabar con las maldades de Morlán, abandonó para siempre su vida de asesino y dedicó todo su esfuerzo a proteger la vida y todo cuanto merece la pena.

Sólo conservó el arco y sus flechas brillantes, las que siempre sabían mostrarle el mejor lugar al que dirigir la vista.

(cuento tradicional sin aporte personal)

lunes, 6 de agosto de 2012

El Hada y su Sombra


Hace mucho, mucho tiempo, antes de que los hombres y sus ciudades llenaran la tierra, antes incluso de que muchas cosas tuvieran un nombre, existía un lugar misterioso custodiado por el hada del lago. Justa y generosa, todos sus vasallos siempre estaban dispuestos a servirle. Y cuando unos malvados seres amenazaron el lago y sus bosques, muchos se unieron al hada cuando les pidió que la acompañaran en un peligroso viaje a través de ríos, pantanos y desiertos en busca de la Piedra de Cristal, la única salvación posible para todos.

El hada advirtió de los peligros y dificultades, de lo difícil que sería aguantar todo el viaje, pero ninguno se asustó. Todos prometieron acompañarla hasta donde hiciera falta, y aquel mismo día, el hada y sus 50 más leales vasallos comenzaron el viaje. El camino fue aún más terrible y duro que lo había anunciado el hada. Se enfrentaron a bestias terribles, caminaron día y noche y vagaron perdidos por el desierto sufriendo el hambre y la sed. Ante tantas adversidades muchos se desanimaron y terminaron por abandonar el viaje a medio camino, hasta que sólo quedó uno, llamado Sombra. No era el más valiente, ni el mejor luchador, ni siquiera el más listo o divertido, pero continuó junto al hada hasta el final. Cuando ésta le preguntaba que por qué no abandonaba como los demás, Sombra respondía siempre lo mismo "Os dije que os acompañaría a pesar de las dificultades, y éso es lo que hago. No voy a dar media vuelta sólo porque haya sido verdad que iba a ser duro".

Gracias a su leal Sombra pudo el hada por fin encontrar la Piedra de Cristal, pero el monstruoso Guardián de la piedra no estaba dispuesto a entregársela. Entonces Sombra, en un último gesto de lealtad, se ofreció a cambio de la piedra quedándose al servicio del Guardián por el resto de sus días...

La poderosa magia de la Piedra de Cristal permitió al hada regresar al lago y expulsar a los seres malvados, pero cada noche lloraba la ausencia de su fiel Sombra, pues de aquel firme y generoso compromiso surgió un amor más fuerte que ningún otro. Y en su recuerdo, queriendo mostrar a todos el valor de la lealtad y el compromiso, regaló a cada ser de la tierra su propia sombra durante el día; pero al llegar la noche, todas las sombras acuden el lago, donde consuelan y acompañan a su triste hada.


(Cuento tradicional sin intervención de mi parte)